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Mi reloj, una pequeña anécdota.

September 12, 2018

Cuando decidí ir al trabajo en bicicleta, estuve un tiempo probando diferentes rutas hasta encontrar la que me convenía. Pedaleo 10 km desde casa hasta el estudio y 10 km más de vuelta a casa. 

Después de más o menos 1 mes de hacer la misma ruta y a la misma hora me doy cuenta que me cruzo con algunas personas que hacen el mismo camino o un trozo del mismo camino que yo, más o menos a la misma hora pero a la inversa. 

En las grandes ciudades como Barcelona, la gente no suele saludar a desconocidos, no pasa como en las pequeñas ciudades o pueblos en donde para ir a la panadería puedes llegar a decir unos 5 o 6 “buenos días”. 

Ahora bien, el hecho de que dos ciclistas se crucen cada día en una gran ciudad, es una casualidad, que por las pocas probabilidades de que ocurra, según mi, merece un saludo. 

Pero la mayoría de la gente, no están por tonterías, pedalean con un rumbo, con la cabeza en sus cosas, muchos con un auricular en una oreja escuchando música… Ni tan solo se dan cuenta que se cruzan con una misma persona cada día.

Dicho esto, en esta historia, ¡sí se dieron cuenta dos personas que se cruzaban! 

Ya llevo dos años circulando con la bicicleta y hace un año y medio que me cruzo con un señor, bastante mayor, que cada día a la misma hora que yo, 9h de la mañana, sale, me imagino de su casa, vestido de deporte y pedalea exactamente por mi camino hasta un punto en donde le espera su amigo, otro hombre bastante mayor también. Y desde este punto de encuentro, me imagino que pedalean juntos un rato, aunque no lo sé, ni cuanto tiempo están juntos, ni si van a almorzar después o pasan por el quiosco a por el periódico o si traen cruasanes a sus respectivas casas, si son viudos, si están casados, si han sido campeones en el tour de France, si son ricos, si son pobres…

Yo solo sé, que desde hace un tiempo nos saludamos con uno de ellos cuando nos cruzamos. Yo creo que él es más puntual que yo, que sale exactamente a la misma hora y que pedalea a casi siempre la misma velocidad. Por este motivo se ha convertido en mi reloj. Dependiendo del lugar en dónde me cruzo con él, sé si voy bien de tiempo, si voy tarde o si me sobra tiempo. Nos cruzamos con un saludo y un “buenos días” Y luego acelero para no llegar tarde o sigo con el mismo ritmo, porque pocas veces tengo que ralentizar, suelo ir más bien justa de tiempo. Y este es el motivo por el cual, nunca me he parado a saludarlo de verdad, presentarnos y charlar un poco. 

Bueno, no solamente este es el motivo, confesaré que a veces es mejor un solo saludo cómplice, imaginando la vida del otro, soñando en posibles realidades, y poder montarse una película como se suele decir… 

 

 

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