Tot pedalant i observant...

Moda versus seny

Damunt de la bici, parada en un semàfor, observo la gent que atravessa el carrer. Passa una dona d'estatura mitjana que camina de manera estranya, incòmode, amb tensió, molt atenta a no caure. Els meus ulls inspeccionen la possible causa d'aquest caminar singular i es queden fixats en les sabates amb plataforma que la pobra dona ha adquirit. Mare meva del perpetu socors!, no exagero, 10 cm com a mínim de plataforma! Recordareu aquesta joguina que eren dos cilindres de fusta, llauna o plàstic molt alts que portaven una corda. Havíem de posar un peu damunt de cada cilindre i agafar les cordes per començar a caminar sense perdre l'equilibri; Doncs el mateix, però sense cordes i el peu agafat a la plataforma per una sandàlia de l'estil dues tires de cuir o tela. En definitiva, un pas en fals i la bufetada pot ser impressionant i perillosa. Una autèntica tortura!

I clar no puc evitar pensar en la persona que ha dissenyat aquesta sabata. D'acord, la sabata amb plataforma està de moda, milers de models omplen els aparadors de les sabateries, n'hi ha per tots els gustos i algunes són fins i tot còmodes, però 10 cm de plataforma! A on vas a parar!

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Tot pedalant i observant...

Mi reloj, una pequeña historia

Cuando decidí ir al trabajo en bicicleta, estuve un tiempo probando diferentes rutas hasta encontrar la que me convenía. Pedaleo 10 km desde casa hasta el estudio y 10 km más de vuelta a casa. 

Después de más o menos 1 mes de hacer la misma ruta y a la misma hora me doy cuenta que me cruzo con algunas personas que hacen el mismo camino o un trozo del mismo camino que yo, más o menos a la misma hora pero a la inversa. 

En las grandes ciudades como Barcelona, la gente no suele saludar a desconocidos, no pasa como en las pequeñas ciudades o pueblos en donde para ir a la panadería puedes llegar a decir unos 5 o 6 “buenos días”. 

Ahora bien, el hecho de que dos ciclistas se crucen cada día en una gran ciudad, es una casualidad, que por las pocas probabilidades de que ocurra, según mi, merece un saludo. 

Pero la mayoría de la gente, no están por tonterías, pedalean con un rumbo, con la cabeza en sus cosas, muchos con un auricular en una oreja escuchando música… Ni tan solo se dan cuenta que se cruzan con una misma persona cada día.

Dicho esto, en esta historia, ¡sí se dieron cuenta dos personas que se cruzaban! 

Ya llevo dos años circulando con la bicicleta y hace un año y medio que me cruzo con un señor, bastante mayor, que cada día a la misma hora que yo, 9h de la mañana, sale, me imagino de su casa, vestido de deporte y pedalea exactamente por mi camino hasta un punto en donde le espera su amigo, otro hombre bastante mayor también. Y desde este punto de encuentro, me imagino que pedalean juntos un rato, aunque no lo sé, ni cuanto tiempo están juntos, ni si van a almorzar después o pasan por el quiosco a por el periódico o si traen cruasanes a sus respectivas casas, si son viudos, si están casados, si han sido campeones en el tour de France, si son ricos, si son pobres…

Yo solo sé, que desde hace un tiempo nos saludamos con uno de ellos cuando nos cruzamos. Yo creo que él es más puntual que yo, que sale exactamente a la misma hora y que pedalea a casi siempre la misma velocidad. Por este motivo se ha convertido en mi reloj. Dependiendo del lugar en dónde me cruzo con él, sé si voy bien de tiempo, si voy tarde o si me sobra tiempo. Nos cruzamos con un saludo y un “buenos días”.

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© 2020 por Laura Roig Equey.

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